Sitio curricular de Osvaldo Sánchez.
Músico argentino, compositor e investigador.
Sus creaciones están basadas en los sonidos originarios de Sudamérica aplicados al desarrollo intelectual de la música universal.

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Canción sagrada del viento, nota para la revista cultural Lilith


Canción sagrada del viento
La épica e invencible música mapuche
Por Osvaldo Sánchez

Con la presencia del amanecer recorro los caminos de mis venas.
La vida viene del este, sabiduría nativa que nos impide olvidar la vertiente vital que cada nuevo día desciende del sol. Y recuerdo mi pretérita rutina de merodear bosques de pehuenes, de danzar en las rogativas, de combatir con lanza al europeo. También me recuerdo cruzando mares, soñando conquistar tierras, fundando ciudades.
Mis abuelos aborígenes lucharon contra mis abuelos invasores, hubo sangre derramada. La historia podría haber sido otra, pero así fue. Muchas cosas perdieron mis ancestros nativos a mano de mis ancestros extranjeros. Pero no se puede derrotar al viento; al viento que se hizo música y para siempre vivió.

I. Vio por vez primera la piel de hombres distintos; y sin perder su estirpe fundió una nueva piel.

Mi memoria se busca entre el polvo surcado por rayos de sol del mediodía. Por esta pampa cruzó el malón; por ella volvía huyendo de la milicia. Trescientos años no alcanzó para que el extranjero doblegara la raza mapuche; debió salir desde la misma tierra quienes lo hicieran.
En el comienzo de la conquista la torpeza diplomática de los blancos generaba feroces enfrentamientos. El español no pensaba otro destino que el sometimiento aborigen y la respuesta fue el malón, temible reintegro de la invasión a su tierra.
El conquistador trocó en criollo a través de su linaje, se hizo latifundista y levantó fortines para proteger sus estancias. Creó fuerzas armadas e invadió frecuentemente territorios nativos saqueando tribus enteras, asesinando hombres, niños, violando a sus mujeres. Pero el aborigen respondía con estrategias parecidas: entre la descendencia de aquellos guerreros algunos hay de ojos azules, resultado tal vez de la cruza con las monjas que en malones se llevaban de los conventos.
Hacia fines del 1700 los belicosos militares de la frontera bonaerense sostenían que la lucha contra el indio debía concluir con su total desaparición. Por entonces fueron famosos los caciques Guchulep y Callfilqui quienes, hartos de ver caer a los suyos, decidieron organizarse en ejércitos. La consecuencia fue cientos de españoles, criollos y aborígenes muertos.
El primero en intentar una base conciliatoria con los indios fue Mariano Moreno una vez asumido el primer gobierno patrio en 1810. Un enviado suyo le informa que la manera hostil de tratar al indio hizo hasta esa instancia imposible su reducción. Se vivió entonces una pequeña etapa de paz. Invitados los caciques por el gobierno para reconocer sus derechos se proclamó la integración de aborígenes y criollos en una sola familia.
Pero la tierra seguía siendo patrimonio del latifundista y los indios tornaron en sufridos peones. La paz se quebró cuando Yanquetruz, molesto por esta situación, se rebeló. El general Martín Rodríguez salió a perseguirlo sin éxito, pero en su fracaso torpemente aniquiló tribus pacíficas generando la natural reorganización de los guerreros en uno de los malones más grandes y devastadores que se recuerda. Los mismos militares que plantearon la paz volvieron a considerar como única solución la continuidad de la guerra hasta lograr el exterminio.
Así pasaron el gobierno de Rivadavia y el de Rosas. El primero envió a combatir con los Ranqueles al coronel prusiano Rauch -ex soldado de Napoleón- quien incorporó la moderna técnica militar del degüello; el segundo se ocupó personalmente de las campañas aniquilando miles de aborígenes.
Surge luego de estos gobiernos la figura del más encarnizado enemigo de los huincas (blancos), el célebre Cafulcurá. Se trata de una época de esplendor para el indio combatiendo en todos los frentes, eligiendo en que momento pelear y en cual negociar; venciendo siempre se consagra amo y señor de las pampas.
Luego de la muerte de Cafulcurá toman el liderazgo los jóvenes caciques Sayhueque y Chacayal. De esos días proviene la fama que como expertos jinetes gozaron estos indios, su maestría para montar al caballo fue como la pampa, infinita.
Con la llegada del gobierno de Avellaneda y su ministro de guerra Alsina nació una nueva planificación para disputar el poderío indio. Hicieron su aparición los caciques Catriel, Namuncurá y Pincén; el ciclo de victorias y derrotas se alterna entre ambos bandos sin que merme seriamente la supremacía del Ranquel, retoño pampeano del milenario Mapuche.
Tras la muerte de Alsina asumió como ministro el general Roca introduciendo un arma nueva y decisiva, el Remington, fusil de largo alcance. El derrumbe de la potente raza aborigen fue fulminante, nada pudo hacer el guerrero de lanza y boleadora contra los disparos a repetición. El blanco conseguía finalmente arrancar de su tierra al natural dueño. El plan de exterminio se hizo luego taimadamente cruel: con la excusa de hacer nuevos pactos de paz los militares se acercaban a las tribus a conversar con los caciques mientras los soldados escondidos en los alrededores esperaban la señal de su superior para matar en el momento oportuno.
Pero el exterminio definitivo no se logró y muchos aspectos de la cultura mapuche se mantienen vivas. Entre ellos la música, invencible en su pureza y enérgica en su capacidad de conquistar territorios dentro del mundo artístico para cimentar en su mestización lo que hoy llamamos folclore patagónico.

II. Solo conocen sus ojos caricias de sol y viento.

Avanza la tarde. Una mano invisible dibuja sobre el vidrio del vehículo las últimas muecas frías de otra llovizna invernal. Intuyo ya cercanos los bosques del Neuquen y siento que este viento apurado es un legendario potro que restituye al indio a su tribu, luego de otra batalla más.
Pero no es viento lo que rueda por las estepas de la tierra mapuche. Es música devenida en viento; es el sonido atávico que nace del choque del aire con la roca, de su paso mugiente por los bosques, de su desliz por los lagos, de su coda ralentada entre las bardas, del madurado silencio que resuelve en las mesetas.
Afirman los mas viejos nativos que el padre creador de la música es el viento; por eso la música mapuche no es estructural sino natural, casi un evento geográfico. Es lo que brota de un instante. Es un evento de la tierra que saca de adentro lo contenido por el alma al despedir un ser querido, al recolectar los frutos, al agradecerle al sol.
La música es lo que la cultura mapuche aprendió del viento, para celebrar la felicidad, para resistir el dolor. Según ellos mismos sentencian con el canto no hay soledad, y mientras vivan las antiguas melodías vivirá el alma de la raza, con la música no habrá ocaso para el hombre.
El mundo aborigen prehispánico vivía en contacto con la naturaleza y mantenía así un sentido del equilibrio con aquello que lo rodeaba. Se desarrollaba en los individuos una fuerte percepción de los sentidos a través de los olores, los colores, los sabores, las texturas y el sonido. El sonido precisamente los introducía en una dimensión con infinitos significados imposibles de comprender desde la visión conquistadora que luego llegó. Las sutiles gamas del sonido que el entorno contiene son atrapadas y devueltas en canto, en viento.
A diferencia del criterio europeo, la música mapuche no se rige por reglas formales. Está basada en módulos rítmicos y melódicos provenientes de una tradición milenaria transmitida de generación a generación con una visión religiosa, cósmica y mitológica que se funde con la danza, la poesía y la representación dramática.
Hay dos tipos de canto, el sagrado y el popular. El Tayül, canto sagrado, es casi a capella y nunca es interpretado de la misma manera ya que se basa en las emociones que emanan de lo profundo y desde esa profundidad surge como algo sagrado. Pero también existe el canto popular, Ül kantum, un poco más cercano a lo esquemático, a veces entonado en grupo y nacido de un argumento.

III. Tiene el destino en las manos, sabe en el tiempo mirar

Anochece. Al mirar la nieve en su última blancura intuyo que aún quedan hundidas las huellas de los dioses que en esta tierra acompañan hasta la eternidad al viento en su sagrada canción.
Se cuenta que Futachao, el dios supremo mapuche puso el Kultrún -tambor- en manos de la Machi –chamán, hechicera-. Con el secreto perfume de las maderas que fue tallado encierra voces sacras y, para que esas propiedades no se escapen, sus constructores ajustan con rigor el parche de cuero.
El Kultrún es el instrumento ritual por excelencia. Nace para ser compañero de los trances míticos, por eso su nacimiento es ceremonial. Según la tradición, antes de ser tensado el cuero, la Machi introduce su voz en él. Y con su voz va su alma.
La forma del Kultrún es la de una esfera a la mitad, como un plato de madera cubierto con cuero pelado. Su superficie representa el mundo dividido por una cruz que alude a sus cuatro rincones y simboliza el equilibrio entre los seres vivos y el cosmos. En el centro establecido por las dos líneas se ubica metafóricamente la Machi para actuar según los poderes la asistan. Cuando ella toma el tambor tiene el mundo en sus manos.
Toda la actividad de la Machi está ligada al instrumento hasta el día de su muerte; el Kultrún es una extensión de su cuerpo. Con el instrumento cerca de su pecho y de su oído tañe el parche y entona el canto chamánico caracterizado por un ritmo monótono y perseverante durante largo tiempo. Así consigue dividir su ser y volar con su alma al más allá, a la altura de sus entidades supremas para recibir gracias o respuestas. Dotada de facultades adivinatorias y terapéuticas en el campo de batalla entre el bien y el mal ella es la representante divina.
La hechicera bate el parche sin cesar, como antes, como siempre. Cantará toda su vida invocando a los dioses y antepasados en beneficio de su pueblo. Una vez fallecida alcanzará alturas míticas y, como todos sus antecesores incluyendo caciques, guerreros y fundadores de linajes, continuará velando por la prosperidad de su raza.

IV. Entró a bailarle en la sangre muy profundo el viejo ritmo.

No es posible dormir, hace siglos que esta raza no duerme; no vaya a ser cosa que por la ventana se meta el olvido ladrón. También despierto, sueño mis pájaros agoreros, sé que de esta tierra se sale con un canto volador en el morral.
Los mapuche guardan dinámica memoria del sentido sagrado de su música. Durante siglos han mantenido las hereditarias rutinas en relación a la ejecución de sus instrumentos musicales. No pueden tocarse en cualquier ocasión ni por cualquier integrante de la tribu, hay sobre estas normas un respeto sagrado, el transgresor sufrirá consecuencias celestiales. En las rogativas -conjunto de ruegos- la Machi bate el Kultrún mientras acólitos masculinos soplan Pifilcas y otro ejecutante hace sonar la Trutruca. Este trío de instrumentos conforma el Pillantún, orquesta sagrada.
La Pifilca, tubo de madera o piedra de un solo orificio con fondo, tiene entrada y salida de aire por el mismo lugar, de bella y particular construcción adecuada para sostener con una sola mano suele a veces tener forma de animal, vegetal o figura humana. Su registro es agudo y con ruido a viento. Las Pifilcas en conjunto ofrecen un espectro disonante que deja la sensación de algo gigantesco cuando los ejecutantes son numerosos.
La Trutruca se ocupa de complementar el conjunto con sonidos graves. De construcción sencilla consiste en una vara de caña o madera ahuecada, de unos 3 o 4 metros de largo con un cuerno al final que emite notas penetrantes. Por lo general es recta y su postura vertical; pero hay variedad y algunas de ellas tienen forma de espiral.
Otros instrumentos originarios de esta cultura son el Kullkull y la Huada.
El Kullkull es similar a una trompeta confeccionada con hojas enrolladas. Con la llegada de los vacunos a esta tierra empezó a confeccionarse con cuernos. A veces se usa como complemento del Pillantún y otras para llamar de una ruka -casa- a otra.
La Huada es una sonaja fabricada con distintos elementos, siendo la calabaza con piedritas en su interior la mas habitual.
Finalmente debemos citar al Lolkiñ, usado en ceremonias de iniciación de una Machi y ejecutado por un solista. Se trata de una flauta construida con madera del vegetal del mismo nombre. Tiene la particularidad que en vez de soplarse debe ser aspirada para que emita su sonido.
Hasta aquí la descripción de sus instrumentos originales. Pero, dentro de lo complejo que resulta hacer una recopilación completa debo agregar los siguientes de origen mestizo, es decir del encuentro del mapuche con otras culturas americanas:
El Koolo, similar a un violín, producto del encuentro con la cultura tehuelche.
El Quinquercahue, similar a un violín grande, adaptación propia del de sus hermanos araucanos. Cabe aquí aclarar que Araucano y Mapuche son dos términos que afectan a una misma raza, unos moradores del lado chileno y otros del argentino.
El Piloloi, construido en madera o piedra con orificios uno al lado del otro, producto de su encuentro con las culturas andinas del noroeste.
Finalmente el Trompe y las Cascahuilas. El Trompe es una pieza metálica con forma de lira que suena usando la propia boca del ejecutante como caja de resonancia y se percute con un dedo. Las Cascahuilas son un manojo de cascabeles de metal atado a los tobillos o las manos. Posiblemente sean los únicos instrumentos nacidos a partir del contacto con el europeo.

V. Se nace en cualquier parte, es el primer misterio inapelable.

Otro amanecer. Soy uno más entre los millones que nació de este lado del mar y que desde su lugar ve llegar la vida con el sol. ¿Será por eso que en un principio mis antepasados nativos abrieron sus brazos a mis antepasados extranjeros?. Al venir sus barcos del este deberían haber traído vida.
La raza mapuche fue una de las pocas no vencidas por el español. Su naturaleza tenaz y aguerrida mantuvo dinámicas muchas de sus costumbres, entre ellas la música. Durante los largos períodos de guerra el temperamento nativo se afirmó y su música, lejos de perderse, se vigorizó. De lo sagrado pasó a lo profano y desde allí, junto a otro ritmos del extremo sur, sentó las bases del folclore patagónico para enriquecer aún más el arte musical argentino.
Son numerosas las fuentes literarias y musicales que puedo citar. Pero la más importante de todas no tiene registro en los catálogos. Se trata de quien fue un libro viviente, un viento bueno que hoy nos falta tanto, Aimé Painé. Narradora apasionada supo contar y cantar, desde su cálida voz, la belleza sumergida y desamparada de una de las culturas más trascendentes que dio la humanidad.
Tenía la seducción y personalidad necesarias para brillar bajo las luces del comercio musical; sin embargo aceptó el mandato de una Machi de mostrar al mundo huinca su legado sonoro puro, sin retoques.

Bibliografía:
* Las matanzas del Neuquen, de Curruhuinca Roux, Editorial Plus Ultra, 1985.
* Barridos por el viento, de Roberto Hosne, Editorial Guadal, 2004.
* Cultura y civilización desde Sudamérica, de Guillermo Magrassi, Alejandro Frigerio y María Maya, Editorial Búsqueda-Yuchán, 1982
* Tres entidades Wekefü en la cultura mapuche, Else María Waag, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1982
* Misterios y leyendas de la Patagonia, de Gloria Arrigoni, Susana Medrano, Raúl Rodríguez y Víctor Covaro.
* Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano, Siglo Veintiuno Editores, 1985

Fuentes sonoras:
* “Plata, Canciones de origen mapuche”, Beatriz Pichi Malén.
* “La polca del rosedal”, Hermanos Berbel.
* “Trabún Mapu, Tratado de la tierra”, Marta Pirén.
* “Vientos del sur”, Marta Pirén.
* “Cutral Co”, Rubén Patagonia.
* “Miremos al sur”, Rubén Patagonia.

Los títulos de cada ítem pertenecen a fragmentos de los siguientes temas musicales:
I. Neuquen Trabún Mapu, de Marcelo Berbel y Osvaldo Arabarco.
II. Nahuel el indio, de Hugo y Marcelo Berbel.
III. La última Machi, de Marcelo Berbel.
IV. Yapay Peñi, de Luis Rosales.
V. Definición de la patria, de Julia Priluzky Farny y Julio Lacarra.


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El aguante roquero, nota para la revista cultural Lilith



El aguante roquero
Palabras y sonidos en la noche de facto
Por Osvaldo Sánchez

Con la cercanía de la noche la tarde cae en ese pozo de sombras al que Cadícamo le cantó desde un tango. Y cada vez que veo al sol último descubro en esa distancia sin medida las imágenes que mi mente archiva, que son parte de la memoria verdadera, única capaz de cuidar y transmitir las realidades de siempre, las que valen.
Pienso todo esto antes de salir a caminar entre la gente. Y para no sentirme como el fantasma de Canterville versión Carlitos García.

I. Ayer nomás en el colegio me enseñaron que este país es grande y tiene libertad.

El despacho del comisario seguramente es como cualquier otro, con el mismo escenario apagado, intimidatorio y cruelmente burocrático. Un cabo parado junto a su superior, una silla para el detenido, otra para la autoridad y un retrato de San Martín en la pared. El muchacho que está siendo interrogado tiene mirada inteligente y aspecto irreverente, es delgado y viste demasiado informal para la época, le dicen Moris. El comisario lo mira fijo y le pregunta si le parece andar con esa pinta de marica y con el pelo largo. Por respuesta recibe un gesto: señalar la pintura gigante del libertador luciendo una abundante cabellera.
La única arma que tenían los roqueros en aquellos primeros años tenebrosos era la inteligencia. Fue la época en que la poesía se transformó en vigorosos versos concebidos sobre asfaltos llovidos de prejuicios. Toques de queda, cortes de pelo a la fuerza en las seccionales, imposibilidad de reunirse en las esquinas, apariciones policiales en los recitales dando palos sin preguntar, tijeretazos a los pantalones vaqueros de abajo hacia arriba hasta dejarlos llenos de flecos, autoritarias entradas con temibles perros a las aulas secundarias y universitarias. No había otra manera de contestar a los atropellos tan cotidianos más que con un activo pensamiento inteligente. En algunos casos actuaron escribiendo canciones valientes, la mayoría censuradas; pero más tarde, cuando se hizo noche en serio, el aguante roquero usó su propio código basado en la imaginación.
Los métodos de represión tenían su lógica, la juventud fue siempre un peligro potencial para cualquiera que tenga el poder. Los jóvenes, al tener menos que perder, arriesgan más. En esos tiempos el cambio fue algo así como un agregado genético. Y entre tantas cosas que cambiaron cambió el sonido.

II. Si algo ha cambiado eso es nosotros; el otro cambio, los que se fueron.

La diferencia entre los sonidos ejecutados voluntariamente por una persona respecto de los sonidos del ambiente o naturales radica en la cualidad de lo expresivo. Puede resultar difícil entender que un sonido cambie, pero la tarea se facilita si comprendemos que cuando el ser humano interpreta una melodía lo hace siempre bajo alguna influencia emocional.
Como no va a cambiar entonces el sonido en un tiempo en que lo emocional estuvo íntimamente relacionado a lo social. Acontecimientos como los ocurridos a partir del año 1966 modificaron al arte. Consecuentemente apareció una camada de músicos talentosos e imaginativos henchidos de un fervoroso deseo por cambiar el mundo desde lo creativo y de un brioso acto de resistencia ante aquel poder que tuvo a la juventud como víctima elegida. Esa resistencia vivió exclusivamente en la palabra alentadora, en la composición de canciones profundas, en los sugerentes títulos de algunos discos: Estamos en la pecera (Vox Dei); Despertemos en América (Litto Nebbia); Rock de las heridas (Piel de Pueblo); Desatormentándonos (Pescado Rabioso); Salgan del camino (La Cría Rockal); Tontos (Billy Bond y La Pesada del rock); etc. Nunca desde la agresión o la perorata a romper cosas. Invito a que se revise la historia musical y poética de Almendra, Vox Dei, Manal, Moris, Sui Generis, Invisible, Tanguito, Arco Iris, Pescado Rabioso, Miguel Abuelo, Pedro y Pablo, Porchetto, Aquelarre, Color Humano, Pastoral, Litto Nebbia, Pappo, Lebón y de cualquier otro artista perteneciente a aquella movida para comprobar si en algún rincón de sus creaciones asoma un solo atisbo de violencia.
Volviendo a lo sonoro, aquella caligrafía musical se definió con pureza en un estilo que aún luego de 40 años es imposible de catalogar o de comparar con otros, es propio y tiene su sello como el tango y el folclore. Ese sonido podrá ser en el futuro estudiado por musicólogos o antropólogos, pero tendrán serias dificultades para comprenderlo en esencia porque tiene por materia prima al lenguaje del alma. Nadie lo expuso mejor que Luis Spinetta en su manifiesto Rock, música dura, la suicidada por la sociedad, publicado en 1974 en el único número del periódico Rolanroc: “...los proyectos en materia de rock argentino nacen de un instinto. El rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso. El rock muere sólo para aquellos que intentan siempre reemplazar ese instinto por expresiones de lo superficial...”

III. Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire, los que están en la calle pueden desaparecer en la calle. Los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer.

Esta noche el cielo aparece cerrado por los paraísos de ambas veredas. Y la luna vibra insegura enredada entre las ramas más altas. El empedrado que aún queda en esta calle recibe la luz gris perlada de los faroles de la esquina que amontona sobre una de sus veredas el kiosco, la farmacia y el puesto de diarios. Desde aquí los vi por última vez.
Ella venía de un barrio populoso, él tocaba la guitarra muy mal. El día que se conocieron ella lo invitó al recital organizado por el Padre Mujica. El evento tendría lugar en una villa usando por escenario el techo de una construcción, ahí brindaron para unos cuantos marginales su zapada roquera Pappo, Spinetta, Miguel Cantilo y alguno más.
Por esos años muchos jóvenes se ofrecían voluntariamente a brindar ayuda en las villas, ella ya colaboraba con el proyecto y él, no sé si por enamorarse de primera o sensibilizarse con la idea, se sumó al grupo. Mientras ella enseñaba a leer y escribir, él transmitía acordes de guitarra. Jamás escuché de sus bocas ningún insulto al poder; nunca portaron armas o arengaron a la violencia. Y una noche como esta, desde esta misma esquina vi la llegada de un coche verde frenando ruidosamente. Adentro había tres tipos, dos se bajaron ágilmente; el primero lo dobló a él de una patada al estómago; el segundo arrastraba a ella de los pelos. Se los llevaron. No supe más nada de ellos.
No es posible hablar del aguante roquero durante la última dictadura sin incluir lo que venía ocurriendo desde diez años antes ya que el Proceso continuó el recorrido de otras dictaduras anteriores alternadas con períodos democráticos sin libertad. Aclaro entonces que le llamo noche de facto al período que va de 1966 a 1982 porque con variantes propias cada poder de turno tuvo su metodología avalada por gran parte de la sociedad. Hacia fines de los 60 ya habitaba en la mente del hombre común el oculto deseo de sacarse de encima a los “distintos” dentro del sistema establecido; muchos civiles estimularon la represión desde su actitud, denunciando a los “sucios melenudos” por odio personal o porque les producía vaya a saber que cosa el simple hecho de verlos juntarse. Esta crónica no busca detallar estrictamente la sucesión de los hechos; simplemente revisa viejas fotos dispersas para no olvidar.
Desde esos primeros días tenebrosos se hizo visible el accionar de grupos operativos que a través de infiltrados procedían para instalar en el conjunto social la idea de que la violencia provenía de los melenudos. Claro que se metían “pesados” dentro del movimiento roquero, pero ellos no pertenecían ni ideológica ni espiritualmente a ese grupo de talentos creativos que renovaron los aires musicales y poéticos de un Buenos Aires que fue testigo a partir de 1966 del nacimiento de su tercera música nacional, el roclore, el rock argentino. Naturalmente, como todo lo humano, la cultura roquera tuvo y tiene defectos y virtudes. Si quieren otro día hablamos de los defectos; la crónica de hoy está dedicada a la resistencia roquera, una de sus varias virtudes.

IV. Cuanto hace que no salgo ni siquiera a caminar, que no veo a mis amigos en un bar para charlar. Cuanto hace que no duermo nunca en paz esperando que ellos lleguen a mi puerta para golpear.

Un puñado de músicos, pintores y otros artistas sobrevivían en comunidad en una vieja casa. Las agrupaciones parapoliciales habían visitado el lugar bastante seguido, pero en esa oportunidad la orden era fusilar. Invariablemente entraron dando golpes y ya con las ametralladoras listas para disparar el jefe del operativo descubre entre ellos al mono Cohen, uno de los pintores del grupo al que conocía de algún lado, le dice que tiene orden de reventarlos, pero decide dejarlos vivos con la condición de que se rajen del país. Algunos se escondieron durante un tiempo vaya a saber donde, otros se fueron para Europa como pudieron. Con el tiempo trascendió su música, se llamaron La Cofradía de la Flor Solar.
¿Y porque la orden de fusilar? En los 70 el poder tenía en la mira a los comunistas y para algunos genios de la época comunismo y comunidad era lo mismo. Hoy cuentan la historia los sobrevivientes; otros miles durmieron su talento en los pozos que cavó el poder durante la noche de facto.
La sociedad estaba mentalmente preparada para la advenimiento de una dictadura más y con su arribo se produce la era más tenebrosa para la libertad artística. Antes de ella había sido difícil manifestar ideas, pero luego era imposible hacerlo directamente. Por eso el arma más eficaz del aguante roquero fue la inteligencia, había llegado la hora de decir las cosas de manera que los represores no las entendieran. Y lo lograron.
En pleno Proceso de Reorganización Nacional aparece El Expreso Imaginario, revista de ecología, cultura, arte con Jorge Pistocchi y Pipo Lernoud al frente. En sus hojas jamás se cuestionó al poder de manera directa, pero su contenido encerraba mensajes ocultos que ningún fundamentalista podría comprender. Una de sus ediciones trajo en la tapa a John Travolta con un tomatazo en la cabeza. ¿Qué significaba esto? El rechazo a toda la basura que se quería imponer a los jóvenes. La cultura de Fiebre de Sábado a la Noche fue un complot contra la libertad de expresión y crecimiento, se buscaba dar una imagen de gente joven divirtiéndose o preocupándose sólo por lo que estaba más acá de su propia nariz. El diseño de tapa tenía el objetivo de transmitir algo sin que los tiranos lo entendieran y así ocurrió.
En lo musical el movimiento dio frutos maravillosos. Con el trío de Spinetta llamado Invisible y con el tercer disco de Sui Generis, Pequeñas anécdotas sobre las Instituciones aparecen desde 1974 hasta 1979 una serie de bandas de exquisita factura sonora: Ave Rock, Espíritu, Alas, La Máquina de hacer pájaros, M.I.A., Crucis, Serú Girán y Bubú entre otros.
Desde el comienzo de los años tenebrosos hasta su fin -la guerra de las Malvinas- se buscó esa manera perspicaz de dar mensajes de disconformidad desde las letras de las canciones: el tema Basta ya del álbum Buenos Aires Blus de La Pesada simplemente repite varias veces “basta ya” y se define diciendo “y va en serio”, eso es toda la letra.
La resistencia creativa se ofrecía desde varios lugares. Los jóvenes se buscaban en los parques para intercambiar libros, discos y elementales revistas de edición casera con poesías, dibujos, notas de contenido ecológico. Una metáfora bien dicha era más efectiva que una frase directa; el “hay que aguantar, loco” un susurro motor.
Considero valioso transcribir en su totalidad la letra más emblemática que dio la cultura roquera en pleno Proceso como modelo de denuncia inteligente. Pertenece a Charly García, se llama Canción de Alicia en el País, es del álbum Bicicleta de Serú Girán aparecido en 1980 en plena dictadura. En ese tema el autor aprovecha las conocidas historias de Lewis Carroll cuyo personaje se llama Alicia para decir otras cosas. Es evidente que los dictadores conjeturaron que Charly refería eventos de ese libro, ustedes juzguen si fue así:
“Quien sabe Alicia este país no estuvo hecho porque sí/ te vas a ir, vas a salir, pero te quedas, ¿dónde más vas a ir?/ Y es que aquí, sabes, el trabalenguas traba lenguas; el asesino te asesina y es mucho para ti/ se acabó ese juego que te hacía feliz/ No cuentes lo que viste en los jardines, el sueño acabó, ya no hay morsas ni tortugas/ Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie/ juegan cricket bajo la luna/ Estamos en la tierra de nadie pero es mía, los inocentes son los culpables dice su señoría, el rey de espadas/ No cuentes que hay detrás de aquel espejo, no tendrás poder, ni abogados, ni testigos/ Enciende los candiles que los brujos piensan en volver, a nublarnos el camino/ Estamos en la tierra de todos, en la vida, sobre el pasado y sobre el futuro, ruina sobre ruinas, querida Alicia.

V. ¿Para quién canto yo entonces? Yo canto para la gente porque también soy uno de ellos. Ellos escriben las cosas y yo les pongo melodía y versos.

Muchas fueron las canciones valientes que en la era tenebrosa se crearon, varias de ellas censuradas en su época y rescatadas con la llegada de la democracia. Aquí fragmentos de algunas de ellas:
§ “Uno ya no puede estar tranquilo ni seguro de su integridad, andan sueltos y te comen vivo con la excusa de ganarse el pan. Aparecen en cualquier esquina y te huelen saco y pantalón...a un compañero mío lo agarraron entre dos o más, le mordieron la melena a gritos, ni lo dejaron manifestar disconformidad...” (Los perros homicidas, Miguel Cantilo, del álbum Yo vivo en esta ciudad, Pedro y Pablo, 1970).
§ “Para los que toman lo que es nuestro con el guante de disimular, para el que maneja los piolines de la marioneta universal, para el que ha marcado las barajas y recibe siempre la mejor, con el as de espada nos domina y con el de bastos entra a dar y dar...”(La marcha de la bronca, Miguel Cantilo, del álbum Yo vivo en esta ciudad, Pedro y Pablo, 1970).
§ “Me pregunto si nunca tuviste ganas de matar, en el fondo de tu alma escondido está Mr. Hide. Es inútil el disimular, a vos mismo no te engañes más, en tu cuerpo en el fondo está Hide...” (El regreso del doctor Jekill, Ricardo Soulé y Willy Quiroga, simple, Vox Dei, 1970).
§ “Apremios ilegales, abusos criminales, tu condición humana violada a placer, los perros homicidas mordiendo tus heridas y el puñetazo cruel que amorata la piel...hasta cuando todos disimularán lo que saben y prefieren callar...”(Apremios ilegales, Miguel Cantilo, del álbum Conesa, Pedro y Pablo, 1972).
§ “Padre, hoy estuve preso por cantar canciones de rock...” (Canción octava, Raúl Porchetto, del álbum Cristo Rock, 1973).
§ “Hombres de hierro que no escuchan el grito, hombres de hierro que no escuchan el dolor. Gente que avanza se puede matar pero los pensamientos quedarán...” (Hombres de hierro, Gieco, del álbum León Gieco, 1973)
§ “Pobre Juan, que lástima me das. Todos los reprimidos seremos tus amigos cuando tires al suelo tu disfraz...” (Juan Represión, Charly García, del álbum Pequeñas anécdotas sobre las Instituciones, Sui Generis, 1974).
§ “Tengo los muertos todos aquí, ¿quién quiere que se los muestre?...elija usted: ¿en cual de todos ellos se puso a pensar?...cuántas veces tendré que morir para ser siempre yo y no ése que duerme tranquilo después de asesinar sin saber, y ríe en su casa con el cuerpo limpio de muertes, sólo con su propia muerte, pequeña, trivial en su espalda...algo anda mal señor ¿qué es eso rojo en su pantalón?...(El show de los muertos, Charly García, del álbum Pequeñas anécdotas sobre las Instituciones, Sui Generis, 1974).
§ “Una vez que estalló la hermosa catedral la gente se agitaba en las veredas. Y fue así que al pasar tarde ese dolor, siguieron trabajando hacia la guerra, entonces fueron muchos más los árboles caídos para siempre...” (Árboles caídos para siempre, Aquelarre, del álbum Siesta,1975).
§ “Satanás volverá a bien castigarnos por dudar del rey de este lugar, por probar el vino y al agua salada... (Por probar el vino y el agua salada, Charly García, del álbum La máquina de hacer pájaros, por la banda homónima, 1976).
§ “Cuando la noche te hace desconfiar yendo por el lado del Río la paranoia es quizá nuestro peor enemigo...déjenme en paz, no quiero más, no hay esperanzas en la ciudad... (Hipercandombe, Charly García, del álbum Películas, La máquina de hacer pájaros, 1977).
§ “El gorrión le quitó la casa al hornero, un ave de rapiña picoteaba un cordero, la lechuza se prendió de los ojitos de una rana chiquita y de un sapito. Todas las abejas y todas las ovejas fueron masacradas por la gran araña... (Tema de los mosquitos, León Gieco, 4ºL.P., 1978).
§ “Cuanta ignorancia corre por tu cuerpo hoy. Ni siquiera te entregas al bien, no sin pensar porque. ¿Cuánto tiempo más llevará?... (Cuanto tiempo más llevará, David Lebón, Bicicleta, Serú Girán, 1980)

Los títulos de cada ítem pertenecen a fragmentos de los siguientes temas musicales.
I. Ayer nomás, de Moris y Pipo Lernoud, del álbum “30 minutos de vida”, de Moris.
II. El otro cambio, los que se fueron, Litto Nebbia, del álbum “Muerte en la catedral”.
III. Los dinosaurios, Charly García, del álbum “Clics modernos”.
IV. Blues del terror azul, Claudio Gabis, del álbum “Claudio Gabis y la Pesada”.
V. Para quien canto yo entonces, Charly García, del álbum “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”, de Sui Generis.

Se recomienda leer:
Historia del rock en Argentina, Marcelo Fernández Bitar, Editorial Distal 1993.
Historias del rock de acá, Ezequiel Abalos, Editora AC 1995.
Enciclopedia Rock Nacional 30 años, dirigida por Pipo Lernoud, Ediciones Mordisco 1996.
Como vino la mano, Miguel Grinberg, Ediciones Mutantia 1985.


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